La Entrevista

Javier Miranda

"Generar debates en un ámbito aún más grande que la fuerza política".

 

  • Asumiste a mediados de  setiembre de 2016, ya cumpliste tu primer semestre como presidente del Frente Amplio. Con la perspectiva que te da ese tiempo, ¿cuáles definirías hoy como los tres principales desafíos que enfrenta la fuerza política?

Aunque no implica necesariamente un orden de importancia, identifico primero la forma en cómo nos comunicamos con los frenteamplistas, cómo llegamos a dialogar con ellos y a darles un espacio de participación. Tenemos una estructura orgánica concebida en 1971, establecida sobre la base de los comités y las departamentales que representa una lógica fundamental –la territorial- pero perdimos o tenemos poco desarrollada la idea del comité funcional y no tenemos bien desarrollados otros espacios. Y los necesitamos: lugares en donde pueda darse no sólo la comunicación con los frenteamplistas militantes –fundamental, imprescindible- sino también con el simpatizante o el adherente frenteamplista. Hoy eso representa un desafío fundamental.

"Un reto enorme es cómo nos proyectamos más allá de la acción de gobierno".

Otro reto enorme es cómo nos proyectamos más allá de la acción de gobierno cumplida hasta ahora, más allá del programa de gobierno 2015-2020. Hay una agenda programática que el FA inauguró y puso en práctica en 2005 y que se viene desarrollando hasta hoy, pero que sin duda exige una renovación para pensar el futuro. ¿Cómo hace el FA para no quedarse solamente defendiendo las transformaciones que ya hizo?  ¿Cómo sigue generando la agenda para las transformaciones futuras? No hay duda que hay que defender lo logrado, pero también tenemos que encontrar los espacios, generarlos, para desarrollar esa nueva agenda.

Y junto con estas dos cosas, aparece un problema central que es cómo se logra llegar a las generaciones más jóvenes, cómo se logra integrar a esas generaciones en la confección de la agenda futura, cómo se logra que esas generaciones más jóvenes participen en esa tarea.

Ahí  veo tres aspectos capitales que tienen que ver con la construcción política y que van mucho más allá de cualquier desafío organizativo.

 

  • Llegaste a la presidencia del FA sólo un par de meses después del referéndum sobre el Brexit y apenas unas semanas luego de la destitución de Dilma Rousseff, poco tiempo después vino la victoria de Trump en  Estados Unidos. Todos los días sentimos hablar de la amenaza de los partidos de la nueva derecha europea y en estas últimas semanas, los acontecimientos en América Latina. Sin duda ese panorama dista bastante de lo que podía ser la primavera progresista en la región que había cuando asumió la Presidencia anterior. En ese contexto internacional cada vez más complejo y con cambios menos predecibles, ¿cómo ves ubicado al FA?

El otro día en Argentina bromeaba, decía que éramos como en Asterix, una pequeña aldea gala…(risas).

Partamos de la base que estamos en el ojo del huracán, así que se hace difícil analizar la realidad. Pero parece indudable que hay una contraofensiva conservadora en el continente, sin dudas. Y hay un cambio en la política en occidente en general, tiene que ver con algo que representa bien el título de un libro que leí hace poco de Daniel Innerarity: “La política en tiempo de indignación”. Creo que en todo occidente la democracia representativa tiene una crisis muy fuerte de credibilidad. Y es uno de los factores que explican por ejemplo, el Brexit o el crecimiento de las derechas en Europa occidental. Hay un retroceso de la participación política, un retroceso hacia el nacionalismo, yo creo que Trump y el Brexit tienen un fuerte componente de eso.  Y en América Latina se suma una oleada que no creo que sea casual, y si bien no creo que haya grandes grupos maquiavélicos atrás de eso, hay apuestas políticas continentales en el sentido de correr a los gobiernos progresistas y volver a instalar gobiernos más de corte liberal en lo económico.

Eso pone al FA en una situación muy especial porque sigue siendo gobierno en Uruguay, porque sigue siendo un partido de gobierno creíble y que no se ha vaciado de contenidos, pero que también tiene que enfrentar desafíos cada vez más complejos en la articulación con otros partidos. En la ola progresista era muy fácil sentirse compañero de los proyectos políticos, aún cuando uno no estuviera muy convencido de que todos los proyectos políticos eran proyectos de izquierda como el del Frente, pero sin duda eran más cercanos. Y a veces hoy nos cuesta mucho ser críticos. Yo creo que no hay que hacerse los distraídos. Evitando la arrogancia, por supuesto, que siempre es complicada, pero reconociendo también nuestras singularidades.

"...estamos en una situación política completa pero a la vez, interesante y desafiante".

¿Hemos hecho un balance sobre esto? Siento que no, que nos falta capacidad para ser críticos y que a veces hemos tenido poco rigor político. Pero tenemos que tener en cuenta que eso es necesario: el principal problema que tiene el FA es la crisis de la política. Esta situación, ya ni siquiera de indignación sino de malestar, de inconformidad y que no logramos subvertirlo entre los propios adherentes de la izquierda o potenciales votantes de izquierda. Entonces, estamos en una situación política compleja pero, a la vez, interesante y desafiante. Yo creo realmente que estamos en un cambio de época. Y eso lo hace también, muy seductor.

 

  • En la campaña hablaste mucho de la importancia de la formación. Al no tener una ideología única el FA enfrenta desafíos diferentes a otros partidos que hacen formación con peso ideológico de forma más tradicional. Entonces ¿Cómo te imaginás que debería ser la formación política en el FA en cuanto a contenidos y qué formas te imaginás que debería tener?

Hay casi un problema de formación general, de cultura general que creo que en nuestros militantes y nuestros adherentes tenemos que suplirla, o sea darles un bagaje de cultura general pero hay formación en términos concretos. Lo que no tenemos que hacer es caer en una formación arquetípica de los militantes del 60´, aquello de bajarle la receta, usar aquellos esquemas que eran más bien de adoctrinamiento. La formación tiene que dar elementos para comprender la política y la función de la política, y ello incluye por supuesto elementos de la historia.

"...volver a construir la adhesión afectiva al proyecto es una parte necesaria de la formación".

Hay un tema clave: las generaciones que vienen no tienen el afecto al FA fundacional, y es entendible. A veces lo que les pasa a los más veteranos es que no logran comprender la desafección con el FA de sus hijos y nietos pero es perfectamente comprensible porque muchos de ellos ya nacieron cuando el FA estaba en el poder. Entonces, volver a construir la adhesión afectiva al proyecto es una parte necesaria de la formación. Así que tiene que ser una formación de contenidos pero también tiene que volver a generar los afectos.

Y lo que está claro es que la formación no puede ser la formación tradicional de aula.  Tiene que ser semipresencial, tiene que tener mucho componente a distancia, tiene que ser atractiva. Ahí tenemos que hacer de nuevo un enorme esfuerzo en cómo nos comunicamos porque también las formas importan.

El tema de la formación es central. Ya comenzamos con temas instrumentales que no son menores -planificación estratégica y elaboración de proyectos, que me parecen fundamentales para permitir el desarrollo de la organización-y en el segundo semestre largaremos la formación política para cuadros y vamos a encarar la formación de nuevos dirigentes.

 

  • En la campaña dijiste que la Fundación Liber Seregni era uno de los puntos clave en la estructura de la construcción de la política y de la izquierda en Uruguay. ¿Cómo la ves ahora? ¿Qué tareas considerás que debe cumplir?

Los que alguna vez estudiamos física comprendimos lo que era la lógica de los vectores. La Fundación tiene una fuerza que la empuja hacia el Frente Amplio porque el Frente Amplio la necesita para que sea dinamizadora de debate, de “pienso”, dinamizadora de espacios –que vamos a generar - porque son espacios de discusiones netamente desde la izquierda pero no siempre dentro de la orgánica de la izquierda: estoy pensando en espacios temáticos sobre temas como educación, salud, etc.

"Es central que la Fundación pueda poner temas de agenda para la reflexión en la agenda pública más allá de la coyuntura".

Pero la otra componente que juega como fuerza es cómo la Fundación juega para ponernos en el debate a la sociedad, más allá del Frente. Para mí es central que la Fundación pueda poner temas de agenda para la reflexión en la agenda pública más allá de la coyuntura de la fuerza política. Porque obviamente la fuerza política tiene algunas urgencias: nosotros podemos inventar todo el futuro que queramos y poner las utopías más formidables, pero hay que ganar en 2019 y hay que trabajar para ganar en el 2019, sin duda. Pero también necesita pensar los futuros y aportar diagnósticos para construir futuro. Creo que hay un rol central de la Fundación en generar debates en un ámbito aún mucho más grande que la fuerza política. Puede ser más convocante, con cabeza más abierta, sin las urgencias exigidas de algunos resultados inmediatos que necesitás como fuerza política. Y puede hacerlo porque ambos -el FA y la Fundación- son distintos, pero recíprocamente útiles, articulables. No concibo a la Fundación Liber Seregni sin el FA pero tampoco concibo al FA sin la Fundación.

Varios de los proyectos que tenemos para este año giran en torno a estas ideas: abrir espacios mediante conferencias, acercando personalidades que cuenten y cuestionen, generando cosas que aporten al diálogo.

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